El partido entre Roma y Napoli prometía ser un choque de titanes, y las alineaciones oficiales no defraudaron. Con el Olímpico como escenario, ambos equipos saltaron al campo con esquemas tácticos definidos y algunas sorpresas en sus onces iniciales.
Formaciones confirmadas:
Roma (3-4-2-1):
Svilar; Mancini, Ndicka, Hermoso; Celik, Koné, Cristante, Wesley; Soulé, Pellegrini; Ferguson.
Napoli (3-4-3):
Milinkovic-Savic; Beukema, Rrahmani, Buongiorno, Di Lorenzo; Lobotka, McTominay, Olivera; Neres, Hojlund, Lang.
La Roma, dirigida en el campo por Gritti debido a la sanción de Gasperini, apostó por Ferguson como punta de lanza, dejando a Dybala en el banquillo. El Napoli, por su parte, confió en su tridente ofensivo conformado por Neres, Hojlund y Lang.
El partido se presentaba como una prueba de fuego para ambos equipos. La Roma buscaba consolidarse en la cima de la tabla, mientras que el Napoli necesitaba una victoria para acercarse a los puestos de vanguardia. El duelo táctico entre Gritti y Conte, aunque a distancia, era uno de los grandes atractivos del encuentro.
Koné, recuperado de molestias físicas, fue titular en el mediocampo romano, mientras que la presencia de Dybala en el banquillo generaba interrogantes sobre su estado físico y su rol en el equipo. Gasperini había expresado dudas sobre la posición ideal para el argentino, dejando entrever la posibilidad de ubicarlo como extremo.
El partido prometía emociones fuertes y un despliegue de talento por parte de ambos equipos. La Roma, con su solidez defensiva y su capacidad para generar peligro en ataque, buscaba hacer valer su localía. El Napoli, con su juego vertical y su poderío ofensivo, intentaba dar un golpe sobre la mesa y demostrar que seguía siendo un aspirante al título.
El resultado final del encuentro determinaría el rumbo de ambos equipos en la Serie A y marcaría un punto de inflexión en sus aspiraciones para la temporada.