El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua ha adoptado una estrategia de 'puerta giratoria' en respuesta a la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Esta estrategia, que consiste en liberar presos políticos y, al mismo tiempo, apresar a otras personas, ha generado críticas intensas de organizaciones de derechos humanos y observadores internacionales. Según datos del Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas, 24 presos políticos fueron excarcelados el 10 de enero, pero al menos 60 más han sido detenidos en los días siguientes.
La estrategia de 'puerta giratoria' ha sido descrita por activistas como Dora María Téllez, ex guerrillera y presa política, como una herramienta para controlar el disenso y mantener la legitimidad del régimen. El gobierno nicareño justificó la liberación de los presos políticos como un acto de 'buena voluntad' hacia Estados Unidos, pero los observadores señalan que el verdadero motivo es la presión internacional derivada de la captura de Maduro.
El contexto geopolítico es crucial. La captura de Maduro por parte de Estados Unidos ha alterado el equilibrio del bloque bolivariano, que incluye a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Nicaragua, históricamente un socio menos visible en comparación con Venezuela y Cuba, está ahora en una posición de tensión geopolítica. El gobierno de Ortega y Murillo ha respondido con una doble estrategia: liberaciones públicas y detenciones privadas, lo que ha sido etiquetado como 'puerta giratoria' por parte de organizaciones de derechos humanos.
Los organismos de derechos humanos, como el Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas, han identificado que la mayoría de los presos excarcelados pertenecen a grupos opositores y que el régimen usa el acto de liberación para mantener el control sobre el disenso. El comisionado general Julio Guillermo Orozco, director del Sistema Penitenciario, afirmó que la liberación se realiza 'para promover y garantizar la unión familiar', lo cual es un mecanismo para controlar el movimiento de los presos.
La respuesta del régimen a la captura de Maduro ha sido una respuesta de 'cautela' y 'paranoia' según el análisis de expertos en derechos humanos. El gobierno nicareño ha buscado minimizar las consecuencias de su acción en el contexto internacional, pero las críticas sobre la falta de imparcialidad judicial, la violación del principio de 'non bis in idem' y la desproporción en la aplicación de la ley han aumentado.
El caso de Jorge Fernández Era, un escritor liberado tras 16 horas en paradero desconocido por autoridades cubanas, refleja la intensa actividad repressiva en el ámbito latinoamericano. Su liberación al amanecer del lunes, tras haber sido detenido durante la tarde del domingo, demuestra la complejidad de las políticas de detención y liberación en el contexto de la crisis geopolítica en la región.
El gobierno de Ortega y Murillo ha sido criticado por su falta de transparencia en el proceso de liberación y detención. Los organismos de derechos humanos señalan que el régimen utiliza el acto de liberación como una herramienta para mantener el control sobre el disenso y evitar el descontento público. La estrategia de 'puerta giratoria' ha sido una herramienta para mantener la legitimidad del régimen, pero también ha generado un aumento en las críticas sobre la falta de cumplimiento con los estándares internacionales de derechos humanos.
En el contexto de la captura de Maduro, Nicaragua ha tenido que ajustar su política exterior. El régimen ha buscado mantener una relación con Estados Unidos, pero también ha tenido que enfrentar las consecuencias de su alineación con el bloque bolivariano. La estrategia de 'puerta giratoria' es una respuesta a la presión internacional, pero también refleja las tensiones internas en el régimen nicareño.